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Confesiones inconfesables. Pecados imperdonables.

– El Papa ha hablado -me adviertes con tono ceremonial; solo ha faltado que dieras un golpe en el suelo con el bastón-.

Hace tiempo que lo que el Papa diga ya no es un tema que me interese o preocupe. Podría decir que he perdido la fe… Cuando menos en lo que concierne a aquel al que otorgo el compromiso y la responsabilidad de mantenerla viva. Nunca terminé de entender los asuntos de Dios, que imagino deben de ser precisos aunque no comprenda los intrincados vericuetos por los que discurren, pero desde luego ya no acepto el mensaje de quien investido de toda la autoridad cristiana, me parece trasnochado y distante de las verdaderas realidades que pueblan y llenan el mundo. La homosexualidad no es cristiana –como si este colectivo no pudiera adorar a Dios con igual denuedo–, el preservativo no es cristiano –pues dejemos que se propague el sida, que sí lo es–, la pederastia no es cristiana –¡desde luego que no!–… Bueno… Siempre que no sea un cura el que la practica…

Corroídos mis pensamientos por una rabia sorda, ni siquiera he reparado en que aguardas frente a mí.
– ¿Cómo? –De pronto bajo del cielo a la tierra para atenderte como mereces– Perdona. Estaba ausente.
– Pues yo te veo muy cercano…
Tu mordacidad no se me escapa, pero como la tengo merecida, la paso por alto y con un breve gesto te invito a que prosigas.
– Pues resulta que en su viaje a Portugal en Mayo pasado, en el mismo avión, dijo ante los reporteros que “Hoy las más grandes persecuciones a la Iglesia no vienen de fuera, sino de los pecados que hay dentro de la propia Iglesia”…
– ¿Y ha tardado 2000 años en darse cuenta? –Lo siento. No lo he podido evitar.— Porque descartados los pocos años en que realmente fueron perseguidos y hasta quemados en la hoguera, durante más de un milenio y medio han sido ellos los que se han servido de la fe, la ignorancia y el miedo de la gente para rentabilizar su negocio. Y como venganza ‘quemaron’, incluso literalmente, a quienes se interpusieron en su camino o representaron un peligro para sus pingües beneficios.

-¿Ya? ¿Puedo seguir? –Levantas una ceja en gesto interrogante, a juego con las preguntas–.
No denotas enfado sino, diría, un poco de morbosidad. Apostaría incluso a que la noticia del periódico llevó mi recuerdo a tu pensamiento y te indujo a comentármela tantos días después de que ya no sea noticia. El Papa se confiesa y el mundo no repara en ello. ¡Increíble! ¡Ni que pasara todos los días!

– Sí, Sí. –Y esbozo mi sonrisa más ingenua– Un sí por cada pregunta, para que no digas que dejé de contestarte a algo.
Parece que fueras a decir algo fuerte, no apto para menores, pero te lo piensas mejor y vuelves al periódico.
– El Papa dijo que “es aterrador cómo sufre la Iglesia por esos ataques y esos pecados”…
– ¡Pobre! ¿Y por qué dijo que sufre más… Por los ataques o por los pecados?
– Eso no lo concretó –con media sonrisa bailando en los labios–.
– ¡Vaya! Qué lastima… Ni el Arcángel San Gabriel hizo mejor anunciamiento… ¡Una vez que el Papa abre su alma, no ante Dios porque eso debe de hacerlo todos los días, sino ante los periodistas…! Esos pecadores que irán al infierno por su mala costumbre de chismorrearlo todo…
– Ja, ja, ja…
Te ríes durante un rato. Con abiertas y contagiosas carcajadas. Hace tanto que te conozco, que de no ser tu risa sincera, lo percibiría. Por eso dejo que te desahogues para que puedas proseguir.

Al fin te sosiegas, y con las lágrimas resbalando por tus mejillas, me miras fijamente y me lanzas un ataque.
– ¿Y sabes qué más dijo?
– No tengo ni idea, pero seguro que tú me lo dirás. –Porque el tema de conversación es contigo, que si no, ya hace rato que te habría dejado ‘a solas’ con tu periódico.- Porque me lo dirás, ¿No?
– ¡Naturalmente!
Detecto una cierta provocación en la afirmación rotunda.
– Benedicto XVI condenó de forma clara “a quienes acusan a los medios [de comunicación] de amplificar el escándalo”.

Benedicto XVI a bordo del avión
El País, 11/5/2010

– Esto sí que es nuevo. La clase periodística salvada, no por la campana, sino por el mismísimo Pontífice. Ahora ya puede dormir tranquila, porque sabe que no solo no irá al infierno, sino que tiene reservado un billete al cielo en vuelo de primera… Y con las mejores recomendaciones.

Aprietas salvajemente los labios, mientras en tu estómago se originan unas convulsiones que buscan desesperadamente la salida por el único sitio y en la forma en que espero que fluyan.
Al fin, incapaz de contenerla por más tiempo, estallas de nuevo en una sonora carcajada que tiene la virtud de lograr lo que no pudieron las anteriores. El perro, un estupendo ejemplar que dormitaba desde hacía rato, levanta sobresaltado la cabeza y con las orejas enhiestas te observa atentamente. Al fin, tranquilo porque no pasa nada grave, mueve contento la cola y se suma a la fiesta con unos sonoros ladridos que son respondidos en la lejanía por otros más apagados y frágiles, seguramente de uno de esos perritos de compañía que se pelan de frío si no los tienes en brazos. Siempre pensé que este animal tiene garganta de barítono.

Cuando al fin te calmas y recuperas por completo el control sobre tu hilaridad, cuando el can ha vuelto a desinteresarse nuevamente de nosotros y hasta el chucho que le acompañó en su concierto perruno se ha callado, tomas nuevamente el diario y vuelves a la carga. Mas en un sprint que me deja sorprendido, te lanzo la pregunta.
– ¿Y se puede saber cuál es el trasfondo de esas confesiones inconfesables?

Adoptas una actitud circunspecta, por lo que adivino que la cosa es seria.
– Los abusos sexuales perpetrados en menores por miembros de la Iglesia durante años… –Me dices–.
– Durante años en que eran un secreto a voces, que se acallaban a golpes de talonario. Que pagaba la Iglesia, por descontado. – Te respondo, no sin cierta cachaza–.
– Por supuesto –sin entrar al trapo–. Ha afirmado también que el perdón no sustituye a la justicia.
– Pero la Iglesia ha impedido que esa justicia pudiera recaer sobre los responsables de actos tan despreciables. ¿Será capaz algún fiscal o juez de sentar en el banquillo al Vaticano como cómplice necesario para esos delitos que no fueron conocidos ni juzgados? Echo de menos a Garzón. Él hubiera sido capaz.
– No hubiera podido. Piensa en que, además, la Iglesia es también un gobierno político con estado propio.
– ¿Y aquello de A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César? El undécimo mandamiento en las Tablas de la Ley, debiera ser ‘No gestionarás al tiempo la Fe y el Poder’… No sé yo, si Moisés no rompería en realidad las Tablas por ese mandamiento y por evitar conflictos futuros; debió ser un visionario y se percató de las ganancias que se podrían perder. Tenemos que averiguar quién fue el ideólogo que siglos después retomó el asunto para dejarlo todo atado y bien atado aquí abajo, por si no conseguían llegar allá arriba.
– Como teoría no está nada mal.
– Y a todo esto, ¿A qué iba el Papa a Portugal? ¿Tal vez a convertir a algunos herejes?
– Ja, ja, ja… Creo que me sería más fácil desvelarte los motivos Divinos, pero dijo que iba “como peregrino de Fátima” y por cierto que hizo también “una relectura del Tercer Secreto de Fátima”.
– Cuando no tenemos nada nuevo que decir, reinterpretamos lo viejo… ¡Ya me gustaría saber si ese secreto lo fue finalmente porque así lo quiso la Virgen o por expreso deseo de la curia, que se afanó en amordazar las lenguas de los pastorcillos, que como las de todos los niños, acostumbran a ser de tradicional inquietas!
– ¡Eso sólo Dios lo sabe!
– Y el Papa, no lo olvides. Porque todos los secretos del Cielo, pasan antes por el Vaticano y sólo de convenir a sus intereses, en cincuenta o cien años –o nunca– son desvelados. Pero a lo que nos ocupa… ¿Te parece que el Papa, con esas declaraciones sorprendentes, está por la labor de impedir que más menores sean mancillados por las sucias manos y las negras intenciones de religiosos sin escrúpulos? ¿Y lo hace más por conciencia o alarmado porque hasta una asociación de teólogos haya reclamado su dimisión? ¡Pedir la dimisión del Papa! ¡Si San Pedro y San Pablo levantaran la cabeza…!
– ¡Fíjate que el fiscal vaticano para la pedofilia reconoce 3000 casos en ocho años…!
– No sé qué me da más miedo, si esos casos conocidos de abusos en 8 años o que haya un fiscal del vaticano dedicado exclusivamente a la pederastia. Tenemos que llamar a Garzón. Creo que anda por La Haya.

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