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Los últimos serán los primeros

—¿Hablaremos de ello o no?
—¿Hablar de qué? —Te hago la pregunta de manera más bien retórica, porque sospecho a qué asunto te refieres; las últimas horas, no se han dedicado a otra cosa que a hablar de ello.
—¡Hombre! ¡Esta sí que es buena! De los sobres del PP y de la posible implicación de Rajoy como perceptor de ellos, por descontado.
—¿Esos sobres de los que nadie tiene constancia de haber recogido, cuya práctica cortó por lo sano Mª Dolores de Cospedal cuando se hizo cargo de la Secretaría General y que ahora resulta que nunca han existido?
—¡Eso es! Si nunca existieron, ¿qué fue lo que paró en seco la Cospedal?
—Pues no lo sé. Ya sabes que la política es el arte de decir hoy una cosa y mañana la contraria, añadiendo que no se dijo lo que está en las hemerotecas y negando que se haya hecho lo que está a la vista de todos. Así que no tengo ni idea de qué fue lo que paralizó esta señora, que además parece que está intentando vender montes públicos de Castilla-La Mancha para convertirlos en cotos de caza. ¡Quién sabe! Puede que incluso traigan elefantes.
—¡Eso estaría bien! Así nos evitaríamos los traslados urgentes en avión desde África y de paso, les quitamos a los castellano-manchegos la posibilidad de irse al campo a comerse una tortilla. ¡Qué demonios! Hay que sacar pasta de donde sea, aunque sea a tiros. Pero a lo que iba. El País, informa largo y tendido sobre los papeles de Bárcenas, que también niega la mayor, por supuesto. Este señor es un modelo de virtud y honradez.
—Ten en cuenta el patinazo de ese diario con la publicación en portada de la foto de Chávez, que al final resultó ser un mexicano que también había sido intervenido. A ver si va a ser otro pinchazo del diario… —Lo siento. No he podido evitar pincharte un poco, porque sé que para ti las cosas están claras. También lo están para mi, ¡faltaría más!
—¡Y un cuerno otro pinchazo! El PP tiene mucha basura en casa y no es capaz de meter la escoba, porque tendría que barrerse a si mismo. Lo peor de todo, es que siempre tenemos que pagar los de siempre: los ciudadanos. Nos fríen a impuestos desde el gobierno central, desde las comunidades autónomas y desde los ayuntamientos, para pagarles a ellos su lujoso tren de vida. Estamos tan enfangados por la corrupción, que no hay dios que pueda salvarnos; siempre que hay un culpable, pone en marcha el ventilador y esparce la porquería sobre los contrarios, que desgraciadamente también están pringados hasta el tuétano. Nómbrame un solo político honrado y, si dentro de un año no ha quedado salpicado por la sospecha, te pago una cena en el restaurante que elijas, en el país que elijas.
—¡Caramba, se me ocurre un restaurante en Nueva York en el que me gustaría cenar! Pero no. No se trata de ganarte una cena, sino de no apostar por nadie que se dedique a la política. No meto la mano en el fuego por nadie de ese ramo. Ninguno me merece tanta confianza.
—¿Lo ves? A ese punto hemos llegado. Ya no hay credibilidad en esta gente, pero se siguen llevando nuestros dineros, sin que seamos capaces de evitarlo; si nos manifestamos, la policía nos apalea aunque los dineros que se llevan también sean de ellos. Ya no se trata de que unos roben, sino de que los otros también lo hacen, dando así patente de corso a todos los que están dejando España en la auténtica ruina y sin credibilidad alguna fuera de sus fronteras. ¿Y quién los mete en la cárcel, que es el espacio natural donde deberían vivir estas sabandijas?
—Ja, ja, ja… Desde luego, ni hay pan, ni cárcel para tanto chorizo. No hay recinto carcelario en España que pueda acoger a tanto político corrupto y ladrón.
—Pues hacemos como con la basura nuclear: los mandamos a las cárceles de otros países. A mí, por descontado, no me importaría pagar un impuesto por mantenerlos hacinados en una cárcel africana o sudamericana; sería una buena forma de contribuir a la riqueza de naciones menos poderosas.
—Pero sin extradiciones posteriores por razones humanitarias, ¿no?…
—¡Faltaría más! Cumplimiento íntegro de las penas a cuatro mil kilómetros de aquí y vetados de por vida para desempeñar cualquier cargo público. ¿Tú qué haces cuando una manzana está podrida? La tiras a la basura y te olvidas, ¿no?

Te entiendo. Es difícil mantener la calma cuando una pandilla de mangantes descarados nos están expoliando desde hace muchos años y otros se suben al mismo carro cuando ven que no pasa nada. Hay seis millones de parados en España que no tienen perspectivas de encontrar un empleo y que han de suplicar ayudas que, o nunca llegan, o son insuficientes. El gobierno alardea de prorrogar la ayuda de 400 euros mientras el paro no baje del 20%, pero con todos los millones que nos han robado esos miserables, unido al que nos sablean con impuestos cada vez más desvergonzados y los sueldos millonarios que además les pagamos a quienes después nos saquean, habría suficiente para que ninguna familia tuviera carencias básicas, como el alimento y la vivienda, esta última casi pagada con una fortuna para sufragar las propinas de los constructores a los políticos, antes de que finalmente acabase en manos de un banco que nos estuvo sangrando con los intereses mientras pudo y que después la subastó por una miseria. Parece ir quedando claro por qué la vivienda ha sido y continúa siendo tan cara: de alguna parte debían salir las comisiones millonarias para políticos corruptos. Como siempre, es el Pueblo el que paga los destrozos.

—Y mientras los corruptos se llevan los billetes en maletas y siguen libres para continuar robando —contienes malamente tu indignación mientras hablas, y escucho atento lo que me dices—, a Emilia Soria, que gastó 193 euros de una tarjeta de crédito que encontró, la quieren meter en la cárcel por comprar comida y pañales para sus hijas pequeñas. La condena es de un año y diez meses e ingresará en prisión si no la indultan antes. ¡Y nunca había delinquido ni lo ha vuelto a hacer!
—¿Pero, para entrar en la cárcel no eran necesarios más de dos años de condena y no tener antecedentes?
—¡Por lo visto eso depende del partido político al que estés afiliado! ¡Y de la cantidad que robes! Cuanto mayor sea el botín, más posibilidades tienes de no ingresar en prisión y sacar una buena pasta por ir a los platós de televisión a contar tus hazañas.
—He leído sobre ese asunto, el de Emilia, y lo que más me llama la atención, es que habiéndole impuesto además una condena de seis meses que le conmutaron por una sanción económica de 900 euros, de los que ya ha pagado 500, y seis meses de trabajos para la comunidad que cumple barriendo las calles de su pueblo, el juez no le haya canjeado la prisión por más tiempo de trabajos para la comunidad y prefiriera enviarla a prisión.
—No te esfuerces en entenderlo; este Sistema no lo entiende ni la madre que lo parió. Ladrones más escandalosos han sido indultados por el gobierno y a esta muchacha solo la defienden los internautas, que han promovido una campaña de recogida de firmas en change.org para evitar su ingreso en prisión, junto con un bufete de abogados de Barcelona especializado en la petición de indultos que la asiste desinteresadamente.



El Consejo de Ministros del 1 de febrero, ha acordado indultar a Emilia.

—Los valores que nos hacían diferentes a los animales, se están yendo por el retrete.

Ignoro, y ni siquiera sospecho, qué intentas decirme esta vez; tu semblante serio, reflexivo y como velado por una nube de desesperanza, me transmite una sensación de proximidad. Lo que sea, será importante e inédito. Seguro.

—¿Qué piensas de los ancianos…? De la gente que ya ha perdido sus fuerzas para seguir batallando por cualquier cosa que no sea su precaria supervivencia diaria. —Confieso que la pregunta me desconcierta un tanto, pero respondo.
—Pues en virtud de los muchos años que estuvieron trabajando, levantando con su esfuerzo el país en el que ahora convivimos, sin olvidar que son los progenitores de su segunda generación, de la cual provienen unos cuantos millones de personas, me merecen un grandísimo respeto y consideración. No vivieron una etapa multicolor pero se las arreglaron para salir adelante, sacándonos adelante a nosotros al mismo tiempo, y dejándonos en herencia un buen ramillete de esos valores que decías que se marchan por el retrete.
—¿Dirías que lo poco o mucho que tienen, se lo han ganado a pulso?
—Exceptuando casos concretos, que también habrá entre esos jubilados unos cuantos mangantes y facinerosos de cuidado, diría que sí. La inmensa mayoría de ellos, puede presumir de haber alcanzado honestamente todo lo que tienen, que no creo sea mucho.
—Y si tuvieras que mencionar un ejemplo rápido de una sociedad que protege y respeta a sus viejos, ¿cuál mencionarías?

Estoy dando vueltas atropelladas a mis neuronas, intentando llegar al final de ese camino por el que me conduces, pero que desconozco dónde me llevará al fin. Al mismo tiempo, he hurgado en mi memoria intentando encontrar una respuesta que satisfaga tu pregunta y creo haberla hallado.

—Sin duda elegiría a los japoneses. Siempre he entendido que son un ejemplo a seguir a la hora de valorar a sus mayores, a los que profesan un gran cariño y respeto, algo que según me parece les llena de honor y orgullo.
—¡Honor…!
—¿Adónde quieres llegar?
—¿Te suena el comentario «Con lo hinchado que está el señor Borbón y la cantidad de pimple que se mete para el cuerpo espero que nos dure bien poquito, que está al caer»?
—Sí. Lo pronunció recientemente el actor o lo que quiera que sea ahora, porque le recuerdo más por andar metido en destrozos a bares y manifestaciones en apoyo a presos etarras que por otra cosa, Willy Toledo.
—¿Y…? —Hoy te has propuesto mantenerme en ascuas todo el tiempo… Pero seguiré tu itinerario.
—Y me produjo náuseas escuchar sus palabras. Más allá del hecho de ser o no monárquico, cosa que no le discuto, me parece aberrante que un ser humano desee la muerte a otro, sobre todo si este no ha participado en la muerte de un ser querido para aquel, cosa que no creo haya ocurrido. De haber sido así, podría haberle disculpado aduciendo que habló llevado por la rabia y el dolor. Antes al contrario, ese individuo pronunció sus palabras de manera meditada y tranquila. Sinceramente, no solo sus palabras, sino él mismo, me provocan un gran desprecio. Me he prometido no ver, escuchar o leer, nada que pueda reportarle beneficios económicos a este señor.
—Debo coincidir. Y también el Ministerio de Cultura debería tenerle en cuenta en lo sucesivo, a la hora de negarle cualquier tipo de subvención por su trabajo. Aunque vengan revestidon de una cierta dosis de cultura, algunos en realidad son unos espabilaos. de tomo y lomo. Bien pensado, ya que las subvenciones se dan con dineros públicos, se deberían convocar iniciativas populares por internet para decidir si se entregan o no. ¿La soberanía no dimana del Pueblo?
—¿Guarda relación ese sujeto con los ancianos y el respeto a sus derechos?
—De una forma casi tangencial; me acordé de él por eso de desear la muerte de un semejante. Hace pocos días, el ministro de Finanzas japonés, Taro Aso, pidió a los ancianos de su país que «se den prisa en morir», para que de esta manera el Estado no tenga que pagar su atención médica.
—¡Increíble! ¿No se ha hecho el hara-kiri todavía? ¡Ah, calla! Que esos eran los samuráis y lo hacían por honor; este sinvergüenza tampoco sabe lo que es eso, ni creo que ya nadie se lo pueda enseñar.
—Pues el malnacido, que también es viceprimer ministro, y por cierto uno de los políticos más ricos en Japón, remató el asunto diciendo que «Dios no quiera que ustedes [los ancianos] se vean obligados a vivir cuando quieran morir. Yo me despertaría sintiéndome mal sabiendo que todo el tratamiento médico está pagado por el Gobierno». Y entonces fue cuando soltó la perla: «El problema no se resolverá a menos que ustedes se den prisa en morir».
—A mis años, todavía soy capaz de sorprenderme de la capacidad que tienen algunas personas de superar el límite de la estupidez.
—Y yo me pregunto por qué algunas personas tienen un cerebro tan privilegiado. ¿No sería mejor que la inteligencia estuviera repartida?
—Que ese ministro sea tan ruin, no es cosa de su corta inteligencia, sino de su exagerada maldad. Y ya que estamos con la inteligencia, leí hace poco un artículo que detallaba la lista de las 10 personas más inteligentes del planeta. No me sorprendió ver el nombre de Stephen Hawking, que con su coeficiente de 160, está sin embargo por debajo del de Kim Ung-Yong, que tiene 210 y figura en el libro Guiness como el hombre con el coeficiente más alto del mundo; este señor, a los tres años hablaba cuatro idiomas y resolvía cálculos integrales y diferenciales, con 8 años trabajó para la NASA y a los 16 tenía un doctorado en Física. Pero siempre hay alguien más inteligente: el investigador Terrence Tao tiene un coeficiente de 230, aunque paradójicamente no figura en el Guiness. En la lista figura también el cofundador de Microsoft, Paul Allen (170); el ajedrecista Garry Kasparov (190) y el que más me sorprendió, porque no conocía ese intelecto suyo, el actor James Woods (180).
—Propongo que en esa lista figuren también algunos de nuestros políticos más insignes y veteranos, porque hay que ser muy inteligente para llevarse el dinero por millones durante años, evitando que los cacen. ¿Hay alguno de ellos en esa lista?
—No. Pero deberían estar. Aunque al final los hayan pillado.

¿Inteligencia o Conciencia? La primera sin la segunda, no puede sino dar lugar a especímenes que solo pueden avergonzarnos. Mejor ser estúpido con el alma blanca, que estar dotado de una brillante inteligencia careciendo a la vez de la honestidad suficiente para vestirla de gala.

Hay hombres ricos que solo tienen dinero, hay políticos corruptos que solo quieren tener dinero, y hay, en fin, ciudadanos que lucharán toda su vida por tener algo de dinero, que no conseguirán porque se lo llevaron antes los ricos y los corruptos. Pese a todo, «los últimos serán siempre los primeros», Jesucristo dixit.

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