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Dios los cría y la Iglesia los junta


— ¿Has recuperado ya el sosiego que creí habías perdido el día de Año Nuevo?


Tu pregunta directa me ha desgajado una vez más de mis reflexiones. Respetuoso con el silencio en que te habías encerrado mientras desmenuzabas las noticias del diario, no quería interrumpir ese momento de entrega que le brindas a la actualidad y que como siempre que nos encontramos, suele dar pie al intercambio de ideas con que se enriquecen nuestros encuentros. A veces pienso, que no eres capaz de leer el periódico si no intercalas una observación en voz alta o me retas a que te desvele lo que bulle en mi cerebro.


— El que pierde un mal amigo, no sabe lo que gana. Yo al fin lo he comprendido y me siento afortunado.
— ¡Me alegra escucharlo! Pero, hablando de otra cosa, qué opinas sobre el asunto del arzobispo de Valladolid con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.
— ¿Qué asunto es ese?
— El mosqueo de Ricardo Bláquez, por el nombramiento de la vicepresidenta como pregonera de la Semana Santa en esa ciudad.
— ¿Y a qué se debe el enfado del príncipe de los obispos vallisoletanos con la vicepresidenta?


Te pregunto para saber un poco más de ese asunto, que de inmediato ha despertado mi interés porque me he acordado de la ‘profundidad humana’ de otro arzobispo, que luego te contaré si lo que me planteas no nos lleva mucho tiempo


— ¿Es una represalia porque le han disminuido el presupuesto de este año a la Iglesia?
— No, no… La cosa es más corriente.
— ¿Y cómo ha podido ofender esa gran mujer a monseñor?


Tu mirada sorprendida me revela que tal vez he dicho algo inapropiado, y enarcando una ceja espero a que me aclares a qué se debe esa sorpresa. Sé que no tardarás en hacerlo, porque no acostumbras a dejar cosas por decir… Al menos conmigo.


— ¿Lo de gran mujer lo has dicho con doble sentido? Porque si la vicepresidenta tiene un rasgo muy evidente es el de su corta estatura.


De modo que era eso…


— ¡Por Dios, no! —Ahora el sorprendido soy yo— ¿Cómo puedes creer que yo catalogaría a Soraya por su estatura? ¡Al contrario! Me parece una gran mujer porque su gran inteligencia la ha llevado al puesto de vicepresidenta y portavoz, y a tener unas cotas de poder que ni el mismísimo Alfonso Guerra tuvo nunca. La Vicepresidenta, así, con mayúsculas, es una mujer muy preparada, está donde merece estar por derecho propio, goza de toda mi simpatía por el momento y te diré algo más: no me pierdo ni una de sus ruedas de prensa los viernes, tras el Consejo de Ministros, añadiendo que la prefiero sola ante los periodistas, que flanqueada por algún ministro que nunca dice nada que ella no fuera capaz de decir mejor. Si más adelante le retiro mi beneplácito, ya se verá; pero será por su labor en el Gobierno, no por una apreciación trivial como su estatura; eso se lo dejo a los obtusos. Soraya es, desde mi punto de vista, una mujer muy grande, sin duda; su estatura no me preocupa lo más mínimo. Además, parafraseando a Cristo, ‘Bienaventurados los que han subido mucho, porque se pasarán el resto de su vida bajando’. El hecho de que Santamaría sea bajita, le permite estar más en contacto con el suelo y por lo tanto también de la realidad, que es lo que por ahora necesitamos todos cuantos dependemos de una u otra forma de su gestión.


Intuyo que te habías asustado por lo que creíste que daba a entender con mi comentario, porque me consta que no es esa la idea que tienes sobre mi y sobre mi opinión de las personas, al margen de la que pueda tener sobre sus actuaciones en determinados casos. Tu semblante relajado ahora y el leve suspiro que escapa de tu pecho, me confirman esa impresión. Te dedico una sonrisa afable y te invito a que continúes. Pero la verdad, no acierto a comprender que sospecharas en mí una intencionalidad tan pobre.


— Pues resulta que el arzobispo Blázquez ha cuestionado el nombramiento de la vicepresidenta como pregonera de la Semana Santa, a causa de su matrimonio civil en 2006. El Ayuntamiento de Valladolid, que dicho sea de paso es el competente para designar ese nombramiento, creyó oportuno que Soraya fuera la encargada; ahora el arzobispo dice que le hubiera gustado que se le hubiera consultado al respecto, añadiendo que el pregón forma parte de una ceremonia religiosa que se celebra en la catedral y ante el arzobispo, y que su “apreciación no va más allá de lo que va el Código de Derecho Canónico”. Pero ha ido más allá y ha dicho que a partir de ahora pedirá al Ayuntamiento que le presente una terna de candidatos… Pese a que la designación del pregonero es una decisión que compete al Ayuntamiento desde hace 15 años.
— Así que el pregón se dará en la catedral y ante el arzobispo… O sea él. ¿Ha dicho si acudirá a ese acto o si hará novillos a modo de protesta? —No me sorprendería nada que no acudiera, aunque sería un feo precedente para la Iglesia a la que representa—.
— Ha dicho que acudirá, porque además, el pregón es ”un género literario, más que una homilía o un sermón”. Mejor que lo haga, porque no debemos olvidar que el pregón de la vicepresidenta consistirá en proclamar la Semana Santa de su ciudad natal, remarcando la singularidad de sus procesiones, declaradas de Interés Turístico Internacional.
— ¿Y quién mejor que una vallisoletana, que además es Vicepresidenta y Ministra Portavoz del Gobierno, para darle empaque a un acto así? ¿No sería fantástico que fuera de España también se dieran cuenta de que Valladolid bien merece una visita en Semana Santa? ¿No sería eso bueno para los sectores profesionales relacionados con el turismo y para todos en general? Entiendo que la doctrina de la Iglesia católica exige a sus fieles que se casen ante un sacerdote y vayan a misa cada domingo, por lo que parece que, Soraya, que se ha casado civilmente, se merezca ese tirón de orejas de monseñor, pero ¿no puede alguien creer en Dios y no creerse el discurso de los arzobispos? No habría que mezclar churras con merinas, por emplear un ejemplo muy relacionado con la región. Los ministros de Dios, como siempre, haciendo amigos y ganando clientes para sus parroquias.
— Algunas políticas, como Carme Chacón y Elena Valenciano —de la oposición—, han salido a la palestra para decir que no entienden la actitud del arzobispo en un Estado laico; sin embargo, la secretaria general de su propio partido, Mª Dolores de Cospedal, ha preferido decir que prefiere no entrar en opiniones personales.


Como me lo has puesto a tiro, no voy a dejar pasar la oportunidad de decirlo.


— Precisamente, si no recuerdo mal, la Cospedal también fue amonestada, solo que por el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, al ser elegida para liderar el PP en Castilla-La Mancha. La crítica le sobrevino por haber sido madre soltera mediante fecundación asistida. Para esquivar esta desconfianza de la Iglesia, la hoy Presidenta de Castilla-La Mancha decidió asistir a procesiones religiosas y a la manifestación contra la ley del aborto de 2009, a la que sin embargo no fueron ni Rajoy, ni mi querida Soraya.
— ¡Ja! Pues por eso Cospedal ha evitado implicarse en este asunto, no sea que después le toque hacer penitencia en más procesiones, —tu retranca típicamente gallega, aunque tú no seas de esa comunidad, ha hecho que sonría una vez más— pero me da en la nariz, que la presidenta manchega está picada con la vicepresidenta.
— Puede que algo de razón lleves sobre esa reflexión, pero ya que llevamos dos arzobispos, y como se dice que no hay dos sin tres, déjame que te cuente la salida de tono de otro monseñor, esta vez de Tarragona.
— ¿Pero tan difícil es para personas supuestamente ilustradas adaptarse a los tiempos que vivimos?
— Tú lo has dicho: supuestamente ilustradas. Sin embargo, de todo hay en la Iglesia del Señor.


Te acomodas en el sillón, doblas el periódico y manifiestas una actitud atenta llena de curiosidad, a la espera de lo que te cuente.



Jaume Pujol, arzobispo de Tarragona


— El arzobispo de Tarragona, que como no sabías —igual que no lo sabía yo hasta leer la noticia—, se llama Jaume Pujol, dijo recientemente que las mujeres no pueden oficiar misa ”porque cada uno tiene una función”. Y además, para complementar su tesis, soltó otra perla: ”Yo tampoco puedo hacer algunas funciones que hacen las mujeres, no puedo traer los hijos al mundo”.
— ¡Ni Dios lo permita, por Dios!


Juraría que has soltado un respingo, pero ha sido tan rápido, que no estoy seguro.


— Monseñor Pujol, que es el presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense, —sigo poniéndote al día— defendió sin embargo en un programa de TV3, que existe la igualdad entre hombres y mujeres en la Iglesia católica diciendo que ”todos somos hijos de Dios y todos tenemos la misma dignidad”.
— ¡Ya! Pero los hombres a dar misa y beberse el vino y las mujeres a fregar después los altares…
— Pero aguarda, porque falta lo mejor. No contento con lo que llevaba dicho, le echó un poco más de leña al fuego diciendo que uno entra en la Iglesia cuando es bautizado y todos somos iguales, aunque después tenemos distintas funciones.
— ¡Se quedaría a gusto con la disertación…!
— Espera, espera… Al ser preguntado, dijo “Si me pregunta cuándo llegaremos a tener las mismas funciones (entre hombres y mujeres) le diré que yo nunca podré ser una mujer. Y, hoy, la mujer en la Iglesia tiene un papel importantísimo, nunca la he sentido un poco más abajo que nosotros”.
— ¿Pero dijo si le hubiera gustado?
— ¿Si le hubiera gustado el qué? —Te hago la pregunta, pero creo haber barruntado el verdadero sentido de la misma y procuro esquinar ese asunto tan peliagudo, aunque tengo mis ideas al respecto—.
— ¡Bah! Continúa.
— El arzobispo procuró no dejar títere con cabeza aprovechando que tenía una cámara delante, y en referencia a los matrimonios homosexuales soltó también ”que él distingue entre personas y el comportamiento de las personas. Como personas, todas son hijas de Dios, pero que hay comportamientos que no son adecuados ni para la persona ni para la sociedad y esto lo tenemos que pensar mucho”.
— El Papa le regala la mitra a quien no se la sabe poner.


Confieso que he estado a punto de soltar una gran carcajada, porque algo parecido pensé yo al ver la fotografía que adornaba la noticia.


— El arzobispo tarraconense dijo también que ”la Iglesia puede hablar, pero después no obligamos a nada porque no tenemos Mossos d’Esquadra ni prisiones”.
— ¡Menos mal! Porque los que hemos leído algo, recordamos lo que hacía la Iglesia cuando tenía a su servicio a la Santa Inquisición y al frente de ella, al Gran Inquisidor, Tomás de Torquemada, «el martillo de los herejes» y que para más inri, era de Valladolid. ¡Qué cachonda es la Historia, por Dios!
— Pero aguarda, porque nuestro arzobispo tarraconense dijo también que “a las mujeres de mi iglesia siempre les digo lo mismo: ‘A quien tienes que cuidar más es a tu marido, él es el hijo más pequeño de la casa’. Ya sabéis por qué lo digo. Lo tienen que cuidar, no se pueden descuidar”. ¿Por qué crees que diría eso? No parece dejar muy bien parados a los hombres, ¿no?
— ¡A saber! Pero lo que pienso hacer a la menor oportunidad, es recomendar a unas cuantas amigas que tengo en Tarragona que cambien de iglesia de inmediato. O que se hagan ateas.
— ¡Entonces esto te va a gustar! En relación al aborto, acabó remachando que “con mis impuestos también pago abortos y tengo que subvencionar a todas estas asociaciones de ateos”. Afirmó también que no pensaba dedicarse al sacerdocio, pero tras conocer la doctrina del Opus Dei a los 17 años, se sintió llamado por Dios.
— Yo creo que esa llamada no era para él y que más bien fue una interferencia en las comunicaciones. ¿Cómo dijiste que se llama monseñor?
— Jaume Pujol Balcells, y con él, —remacho— ya llevamos hoy tres altos representantes de la Iglesia con ideas bastante peculiares. No está mal para un mismo día, ¿eh?
—Menudas tres patas para un banco.
— Ya conoces el dicho: Dios los cría…
— …Y la Iglesia los junta.


La jornada ha dado una vez más para mucho comentario. Me reitero en lo que disfruto de estos encuentros en los cuales tenemos la oportunidad de consolidar una amistad sincera. Y puesto que fuiste tú quién la mencionó de pasada al comienzo de nuestra conversación, brindo por ella y porque tú seas por siempre uno de sus mejores estandartes.


— ¿Te apetece una copa de cava catalán? —Prefiero preguntarte, aunque estoy seguro de conocer la respuesta— Tenemos muchas cosas por las que brindar.

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